Google
 

domingo, septiembre 21, 2008

Fringe y la «red fantasmal»

J. J. Abrams, detrás de sus gafas de alumno aplicado, sabe tanto de tensión dramática y misterios en serie como de internet. Los teje con esa clase de perversa habilidad que siempre obliga a ver otro capítulo, otra temporada. Lost (Perdidos) es, quizá, su obra maestra en televisión. En esa isla improbable descubrió la importancia de internet para convertir un buen producto en una necesidad global. Hasta hay una «lostpedia» que lo cuenta (es.lostpedia.com/wiki/ Portada), además de infinidad de blogs y páginas de fans que retransmiten y multiplican cada novedad en el set de rodaje.

En este principio de curso, mientras afina su versión de Star Trek, que se estrenará en 2009, Abrams regresa a la televisión con Fringe, una vuelta de tuerca al universo de Expediente X. El episodio piloto se emitió en Estados Unidos a principio de mes, y, cuatro días después, en la taquilla de Digital + en España, una rapidez insólita. Abrams se ha gastado diez millones de dólares en este primer golpe, y un cheque con tantos ceros necesita de la difusión viral y planetaria que sólo proporciona internet, «la red fantasmal», como se llama el tercer capítulo de la serie. Todo suma: fans (también en España), descargas (el primer episodio, con subtítulos en español, aquí), enigmas inquietantes y, claro, otra wikipedia.
El vuelo 627 cruza el Atlántico, Hamburgo- Boston. Una tormenta. Un hombre se siente indispuesto y se inyecta insulina, o algo que lo parece. Y entonces, lo impensable. El avión del terror. «Nunca he visto nada como lo que está pasando aquí», dice alguien. Cuerpos translúcidos, carne disuelta, una investigadora del FBI que recuerda a Scully (Olivia Dunham, interpretada por Anna Torv), un científico con fama de doctor Frankenstein que sale del loquero para echar una mano, una empresa (Massive Dynamics) con pinta de mala, mala. Para los serieadictos, empieza el ritual: estreno en EE. UU., el ordenador que trabaja, el tesoro recién descubierto.