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domingo, septiembre 28, 2008

Woody Allen: las uvas, en Murcia

No resulta fácil imaginarle en Times Square, torturado por el ruido, los neones, las serpentinas y la fiebre aparentemente feliz de la multitud un 31 de diciembre, el próximo. Tampoco tiene aspecto de celebrar la Navidad en pantuflas, junto al árbol y las luces tintineantes, armando los juguetes que haya tenido a bien dejar Papá Noel. En diciembre y enero, Woody Allen estará de gira por Europa en compañía de la New Orleans Jazz Band, y el día 31—Nochevieja, las uvas, las doce campanadas— lo pasará en el hotel «Intercontinental La Torre Golf Resort» de Murcia, en el tajo, con su clarinete y su orquesta. Jazz para cruzar el año.

Allen, Eddy Davis (banjo), Conal Fowkes (contrabajo), Robert García (batería), Cinthya Sayer (voz y piano), Simon Wettenhall (trompeta) y Jerry Zigmont (trombón) se reúnen a las 20.45 de cada lunes del año en «The Carlyle» (en la esquina de la calle 76 con Madison Avenue, Nueva York), un café/hotel que muchos músicos y algunos políticos (Truman, Kennedy, Johnson, Nixon, Carter o Reagan) han considerado su segunda casa. También lo es para Woody, desde luego, tan encantado últimamente de pasearse por España y tan poco amigo de la Administración Bush. «Si Barack Obama no gana será una humillación y una vergüenza nacional», ha dicho estos días.
No hay constancia de que la preocupación política de Woody Allen le haya llevado a dejarse tentar por un prometedor juego de simulación política en el que cada participante se convierte en un director de campaña en busca de la Casa Blanca. En The Political Machine (hay una versión gratuita en www.politicalmachine.com, y otra de pago para PC que cuesta 19,95 dólares) podemos elegir entre uno de los candidatos que pugnan por el poder real o bien inventarnos otro. Cada jugador trabaja con estadísticas y mapas auténticos, con herramientas para cambiar el curso de la contienda, con votos en disputa en cada estado. Al cabo, un cóctel de «política ficción» y entretenimiento con un argumento absolutamente verosímil al que entregarse un fin de semana como éste, quizá con un solo de clarinete como música de fondo.