A Óscar de la Hoya le duele la espalda. Y las rodillas. Se siente cansado, a sus 35 años, más fuera que dentro del ring, más cerca de los despachos, al frente de su empresa, Golden Boy Promotions. Pero aún le queda un gran combate, al menos uno, el 6 de diciembre, en Las Vegas, contra el filipino Manny Pacquiao. Dicen que será «The Dream Match». Y puede que sea el más grande de la historia, en efecto, al menos en dinero contante y sonante, que es la vara de medir de los promotores. Se espera una recaudación de más de 165 millones de dólares entre el «pay per view» (54.95 dólares cada compra, en la HBO) y la taquilla (17 millones).
Con Óscar de la Hoya siempre se ha utilizado esa expresión que reza más o menos así: el mejor boxeador «libra por libra» de la última década; es decir, el mejor si se pudieran comparar todas las categorías, todos los pesos. En los últimos años, quizá por estirar su carrera, ha perdido algún combate que no debió disputar (39 victorias, 30 KO, 5 derrotas). Y ahora, cerca del adiós, ahí estamos: el boxeo vuelve a morir. No hay ninguna nueva estrella global, el título de los pesados es un cinturón deslucido, troceado en federaciones. Vuelve a agonizar, pensarán los pesimistas, como cuando se fueron Joee Louis y Mohamed Alí.
La historia de De la Hoya es de las que tanto juego dan en una película. Nació en una familia mexicano-america-na, sobrevivió en Los Ángeles, ha ganado todo lo que se puede ganar, participó en un «reality show» y hasta ha estado nominado en los Grammy latinos. Ahora le sobra el dinero. Y la fama. De momento seguirá levantándose a las cinco para entrenarse en el lago Big Bear, California, y ganar a Pacquiao, héroe nacional en Filipinas. Y puede que para algún combate más en 2009, «pero estoy cerca del retiro», ha dicho. Luego, cuando se apaguen las luces, el silencio, barruntan algunos. O tal vez no
lunes, noviembre 10, 2008
Otra vez, el último gran combate
Etiquetas: Boxeo, Deporte, Oscar de la Hoya, Radar
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