Catherine Willows esboza una media sonrisa, esa clase de rictus de quien siempre supo lo que iba a pasar. «Parece que el rey se va a sentar en el banquillo. ¿Es así?». Empieza otra noche larga, otro laberíntico rastro de sangre, un nuevo caso imposible. Gil Grissom (William Petersen) le sostiene la mirada, es su amiga, y murmura lo que nadie quería oír. «Sé que ha sido un año difícil para todos, y he pensado... quiero decir, más de lo normal... He tomado una decisión. Voy a dejar el CSI». Ocho años y nueve temporadas después, media vida, en el noveno episodio de la novena temporada, emitido el día 11 en Estados Unidos, Grissom reparte el trabajo y anuncia su retirada, dicen que para hacer teatro, aunque a los fans de la serie eso puede que ya les dé igual.
Un nuevo crimen enlaza con un viejo asesino en serie, encerrado bajo siete llaves. Un rastro confuso entre el pasado y el presente. Un profesor de criminología de la Universidad, Raymond Langston (Laurence Fishburne), invita al demonio a desbrozar las telarañas de sus crímenes ante sus alumnos mediante una webcam. Los explica con una frialdad que recuerda a Hanibal Lecter. En la clase, detrás de sus gafas, está Grissom en busca de respuestas. ¿Tuvo un cómplice? ¿Ha vuelto a actuar? Grissom vs Langston, primera secuencia, penúltimo capítulo. El último («One to go») saldrá al aire en EE. UU. el 15 de enero.
En España, Telecinco ha emitido la séptima temporada de CSI Las Vegas, y AXN anda con la octava. A mediados de la novena, Petersen, uno de los actores mejor pagados de la televisión, dejará el grupo en manos de Catherine Willows (Marg Helgenberger), y su hueco en la pantalla lo ocupará otro sabio, Laurence Fishburne, el Morpheo de «Matrix». 20,9 millones de espectadores vieron en la CBS la primera parte del último caso de Grissom. Vieron cómo el capitán Jim Brass le decía a su amigo: «He oído que te irás. Qué mal».
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