Tecleó Lance Armstrong a la 1.54 del lunes: «1.274 días desde la última carrera profesional. Aproximadamente 27,5 millones de personas en todo el mundo han fallecido de cáncer en ese espacio de tiempo. Tiene que parar». Escribió el 9 de enero, por la tarde: «Gran etapa hoy. 160 kilómetros. Completado un duro bloque de cuatro días en Australia. Ahora, a relajarse unos días». Y luego, por la noche: «Estoy listo... En realidad todavía no lo estoy». Armstrong, el ciclista que derrotó a la muerte y al récord de Induráin en el Tour, escribe continuamente en su cuenta en twitter.com/lancearmstrong, el programa de «microbloggin» que triunfa en el mundo. 140 caracteres como máximo para explicar dónde estamos, qué hacemos, con quién hablamos, qué proyecto nos ocupa. El ciclista que desafía a Contador y a su cuerpo parece enganchado. «Twittea» desde el ordenador, desde la Blackberry, cuelga fotos. «Os voy a enseñar mi nueva bicicleta para el Tour».
Una entrevista en el New York Times sobre su trabajo en la Lance Armstrong Foundation, dedicada a la lucha contra el cáncer, y el enlace correspondiente. Una foto bucólica, frente al mar, y un pie: «En busca de ballenas o preguntándome lo que me traerá 2009 (y después)». A los treinta y siete, la edad en que otros hace años que ejercen de comentaristas en un cómodo sillón, tiene motivos para dudar, aunque su carácter parece más bien arrojado y punzante, sin tiempo para la melancolía. En las fotos pedalea, suda, posa con amigos o admiradores. Y vuelve al teclado del móvil, a Twitter: «Pensando en Steve Jobs», anotó el miércoles. 24.509 personas siguen sus mensajes por este medio. «Cinco, despertarse; seis, desayuno; siete, comienza la ruta, hasta el mediodía; 12.30, almuerzo; tres de la tarde, masaje; cuatro, seis hoyos de golf; siete, la cena; nueve, la hora de dormir». El verano de Francia y el duelo con Contador aún están lejos: del 4 al 26 de julio.
domingo, enero 18, 2009
¿Qué haces, Lance Armstrong?
Tecleó Lance Armstrong a la 1.54 del lunes: «1.274 días desde la última carrera profesional. Aproximadamente 27,5 millones de personas en todo el mundo han fallecido de cáncer en ese espacio de tiempo. Tiene que parar». Escribió el 9 de enero, por la tarde: «Gran etapa hoy. 160 kilómetros. Completado un duro bloque de cuatro días en Australia. Ahora, a relajarse unos días». Y luego, por la noche: «Estoy listo... En realidad todavía no lo estoy». Armstrong, el ciclista que derrotó a la muerte y al récord de Induráin en el Tour, escribe continuamente en su cuenta en twitter.com/lancearmstrong, el programa de «microbloggin» que triunfa en el mundo. 140 caracteres como máximo para explicar dónde estamos, qué hacemos, con quién hablamos, qué proyecto nos ocupa. El ciclista que desafía a Contador y a su cuerpo parece enganchado. «Twittea» desde el ordenador, desde la Blackberry, cuelga fotos. «Os voy a enseñar mi nueva bicicleta para el Tour».
Una entrevista en el New York Times sobre su trabajo en la Lance Armstrong Foundation, dedicada a la lucha contra el cáncer, y el enlace correspondiente. Una foto bucólica, frente al mar, y un pie: «En busca de ballenas o preguntándome lo que me traerá 2009 (y después)». A los treinta y siete, la edad en que otros hace años que ejercen de comentaristas en un cómodo sillón, tiene motivos para dudar, aunque su carácter parece más bien arrojado y punzante, sin tiempo para la melancolía. En las fotos pedalea, suda, posa con amigos o admiradores. Y vuelve al teclado del móvil, a Twitter: «Pensando en Steve Jobs», anotó el miércoles. 24.509 personas siguen sus mensajes por este medio. «Cinco, despertarse; seis, desayuno; siete, comienza la ruta, hasta el mediodía; 12.30, almuerzo; tres de la tarde, masaje; cuatro, seis hoyos de golf; siete, la cena; nueve, la hora de dormir». El verano de Francia y el duelo con Contador aún están lejos: del 4 al 26 de julio.
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