En realidad, quizá el festival más famoso de la historia se celebró en Bethel, Sullivan County (Nueva York), y no en Woodstock, Ulster County, a 69 kilómetros de distancia, donde estaba previsto en principio. Hasta que se plantaron los vecinos. Maldita la gracia que debía de hacerles aquella invasión de sexo, droga, antibelicismo y rock and roll durante tres días de agosto de 1969. Un millón de personas en los prados del señor Yasgur. Han pasado sólo cuarenta años desde entonces, aunque se antojen tres o cuatro vidas, y aquí estamos, en el fondo de la crisis/túnel, con la idea de un nuevo Woodstock en el ambiente.
El productor Michael Lang anda dándole vueltas a la celebración, al renacimiento de la leyenda, tras el fiasco de 1999, un fracaso lleno de problemas policiales, entradas caras y desilusión. O el de 1994, un cuarto de siglo aquella vez, que terminó con cuatro muertos y ninguna magia, tan lejos del «flower power». Para el cuarenta aniversario, este verano, Lang piensa en el regreso a los orígenes: mucho ecologismo, entradas baratas (siempre que lo permita un patrocinador) y artistas consagrados (Joe Cocker, Santana, The Who o los Crosby, Still & Nash). Por si fuera poco, está a punto de caramelo la nueva película de Ang Lee, «Taking Woodstock», una mirada a aquella historia, y un libro de Lang: «The road to Woodstock», que se publicará en julio.
El aniversario de Woodstock coincide con el ocaso de una determinada industria de la música y la irrupción de otras formas de llamar a los fieles. Un ejemplo: el 3 de abril arranca MySpace Music Live con un concierto de Franz Ferdinand y Mando Diao en el Palacio de los Deportes de Madrid. Es la primera gran cita organizada por esta red social en España, donde cuenta con 2,7 millones de usuarios. Ya no hay entradas para esa noche, años luz después del 69.
domingo, marzo 29, 2009
Woodstock, años luz después del 69
En realidad, quizá el festival más famoso de la historia se celebró en Bethel, Sullivan County (Nueva York), y no en Woodstock, Ulster County, a 69 kilómetros de distancia, donde estaba previsto en principio. Hasta que se plantaron los vecinos. Maldita la gracia que debía de hacerles aquella invasión de sexo, droga, antibelicismo y rock and roll durante tres días de agosto de 1969. Un millón de personas en los prados del señor Yasgur. Han pasado sólo cuarenta años desde entonces, aunque se antojen tres o cuatro vidas, y aquí estamos, en el fondo de la crisis/túnel, con la idea de un nuevo Woodstock en el ambiente.
El productor Michael Lang anda dándole vueltas a la celebración, al renacimiento de la leyenda, tras el fiasco de 1999, un fracaso lleno de problemas policiales, entradas caras y desilusión. O el de 1994, un cuarto de siglo aquella vez, que terminó con cuatro muertos y ninguna magia, tan lejos del «flower power». Para el cuarenta aniversario, este verano, Lang piensa en el regreso a los orígenes: mucho ecologismo, entradas baratas (siempre que lo permita un patrocinador) y artistas consagrados (Joe Cocker, Santana, The Who o los Crosby, Still & Nash). Por si fuera poco, está a punto de caramelo la nueva película de Ang Lee, «Taking Woodstock», una mirada a aquella historia, y un libro de Lang: «The road to Woodstock», que se publicará en julio.
El aniversario de Woodstock coincide con el ocaso de una determinada industria de la música y la irrupción de otras formas de llamar a los fieles. Un ejemplo: el 3 de abril arranca MySpace Music Live con un concierto de Franz Ferdinand y Mando Diao en el Palacio de los Deportes de Madrid. Es la primera gran cita organizada por esta red social en España, donde cuenta con 2,7 millones de usuarios. Ya no hay entradas para esa noche, años luz después del 69.
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