Una chica, una voz naïf, una guitarra, unos acordes básicos, una canción sencilla como una cerveza en la barra del bar, preferiblemente en inglés. A veces, el oleaje de la moda es más bien una brisa suave de ésas que nunca han roto un plato ni arruinado una tarde en la playa. «Cigarettes», de
Russian Red, ha sido reproducida medio millón de veces en Myspace, incluida en la banda sonora de una película y abotonado el éxito de Lourdes Hernández, chica tan tímida que cuando visita a Pablo Motos en El Hormiguero parece un pez en el desierto. Y sin embargo... casi todas sus canciones, como «They don’t believe», se han pegado a nuestra piel, mérito incuestionable y contagioso.
Anni B. Sweet —el 28 de abril lanzó su primer disco, «Start, Restart, Undo», y en verano participará en el FIB— bebe del mismo pozo. Indie folk en inglés, chica callada y tímida sobre el escenario: la fragilidad sale, canta, quizá se anima a dar la gracias y se va, dejando tras de sí un rastro de buenas críticas y una lista amplia de conciertos.
Anni (la foto que acompaña estas líneas es de
Mercedes Hausmann) se llama en realidad Ana López, es malagueña, y podría representar a esa nueva generación de músicos que se han ganado la popularidad en internet y las habichuelas en las salas de conciertos.
La portada del disco de
Alondra Bentley, murciana de origen británico, aclara cualquier duda sobre esta moda de «chica-sensible-con guitarra-acústica- canta-tonadas-de corte-folk». Minimalismo. Unos pajaritos como telón de fondo de su voz. Y muchos otros ejemplos más allá de los citados... Entre otros,
Boat Beam, un trío de voces femeninas compuesto por una australiana, una americana y una española,
Zahara, que presenta su primer disco el 26 de mayo (La fabulosa historia de la chica que perdió el avión), con un tono más pop y letras en castellano, o Miren Iza, de
La venganza de Tulsa.
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