
Esa chica de las portadas de los libros de Stieg Larsson no se parece ni mirándola de refilón a Lisbeth Salander. No vemos el pelo corto, ni el piercing, ni los tatuajes. No es extraño. Cuando el pintor Gino Rubert recibió la llamada de la editorial Destino, les dijo que no tenía tiempo de leer la obra y hacer una ilustración ex profeso, pero que si querían echar un vistazo
a su web por si encontraban algo que les encajara... Silvia Sesé, la editora, conocía la obra de Gino, e incluso años atrás le había encargado la portada de «Salomé», de Oscar Wilde, para Círculo de Lectores. Abrió la web, y allí vio los cuadros en los que aparecía Tamara Villoslada, durante algún tiempo compañera sentimental y modelo de Gino, ilustradora, diseñadora, esa cara que en nada se parecía a Lisbeth. Y, sin embargo, Gino dice que, más allá de la primera impresión, la Tamara pintada tiene como Lisbeth la dureza en la mirada, el ensimismamiento, la arrogancia y el orgullo tras una vida perra. «Te mira con vehemencia».
Tamara Villoslada, argentina (Esquel, 1977), creció en la Patagonia, estudió en la Córdoba del otro lado del mar y vivió siete años en Barcelona, donde perfeccionó su trazo limpio y delicado que contrasta con composiciones en cierta forma turbadoras, como una niña en una sencuencia de una película de terror. Ves sus cuadros y, si tuvieran movimiento, en seguida sabrías que va a ocurrir algo.
Tamara ha vuelto a Argentina. Ilustra, pinta, diseña para la web, y alguna vez («ya me cansé del tema») contesta a los curiosos sobre su figura inquietante en las portadas de la serie Millennium, parte de unos cuadros que Rubert pintó hace años, cuando ni se intuía el éxito de la novela negra nórdica. Gino dice que no está dotado para la ilustración y que el éxito de Larsson no le ha reportado ningún encargo. Sólo entrevistas en las que hablar de Tamara y Lisbeth.
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