Puede que su nombre no le sea familiar, y, sin embargo, es esa sombra que nunca se despega del hombre más poderoso del mundo. Allí está Barack Obama (firma un documento, se toma una hamburguesa, le hace una carantoña a su mujer) y, muy cerca, suena el clic de la cámara de Pete Souza (1954), el dedo siempre junto al gatillo. ¿Cuántas miles de imágenes caben en seis meses de mandato? Un álbum público, la página que la Casa Blanca tiene
en Flickr nos muestra cientos de ellas. Es uno de esos gestos que le gustan al presidente: mucho internet, redes sociales, proyecto compartido, aparente proximidad... Sea cierta o no, el viaje por estos fotogramas nos hacen ver de otra manera el poder y la familia, el protocolo y el guiño fuera de guión, una brizna de intimidad. Pasen y miren.
Souza ya fotografió el camino hacia el poder del entonces candidato. Un libro (The Rise of Barack Obama) deja constancia de la persecución. Siempre la sombra detrás del héroe, imperceptible, un rito que requiere experiencia. Y Souza la tiene. Desde 1983 a 1989 fue el fotógrafo oficial de Ronald Reagan. Y antes y después trabajó para National Geographic, Life o Chicago Tribune, y dio clases de fotoperiodismo en la Universidad de Ohio. Su mirada en blanco y negro de la destrucción de Kosovo aún provoca una emoción furtiva.
La fotografía y la política -la imagen capaz de crear un personaje- se encontraron, como tantas otras cosas, en el mandato de John Fitzgerald Kennedy.Una relación feliz.
Cecil W. Stoughton (1920-2008) ayudó con sus instantáneas a crear la magia de Camelot. ¿Recuerdan aquel presidente que jugaba con los niños en el Despacho Oval? Eran sus fotos. Como la del juramento de Lyndon B. Johnson en el Air Force One, junto a Jacqueline, un icono del siglo XX. Entonces no había Flickr. Pero si Kennedy hubiera tenido internet...
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