«Glee» es de ese tipo de series a las que te puedes enganchar cinco minutos o cinco años (es un decir, aún no ha terminado la primera temporada en EE.UU.). Tiene tantos fans como espectadores que tiran del mando a distancia, hartos de canciones y secuencias «blandiblú» para adolescentes. Unos y otros ayudan a que Google rebose de referencias, sonrisas y lágrimas, según, desde que se emitió el episodio piloto, y a que siga acumulando premios (los últimos, Globo de Oro a la Mejor Comedia y el galardón del Sindicato de Actores al Mejor Elenco en una comedia) y discos vendidos (en un mes sumó un millón de descargas en iTunes). Se estrena en España el 3 de marzo en Fox y luego en Antena 3 Neox, cuando muchos de sus fans ya se saben de memoria las tramas, los personajes y las canciones, que para eso está internet.
«Glee», el retrato deliberadamente exagerado y caricaturesco de la vida de colegio, incluidas las «cheerleaders», es uno de los trabajos que han dado fama y dinero a Ryan Murphy, creador de «Popular» (otra comedia para «teenagers», precedente de «Glee») y «Nip/Tuck». Es lo que en Estados Unidos llaman «showrunner» o director creativo, un tipo capaz de construir/mantener un mundo propio, y comercializarlo por tierra, mar y aire. Se venden canciones de la serie como churros, en la línea de otros éxitos similares, sobre todo «High School Musical».
La serie, ágil, como una coreografía (nada que ver con «Un paso adelante»), ha explorado todos los mecanismos imaginables para «vender» su producto, desde las giras de promoción modelo «OT» al cariño más o menos real de estrellas como Madonna, que ha cedido sus canciones para un episodio especial, o los rumores, como ése que dice que Bruce Springsteen participará también en un capítulo, o al menos con eso sueñan sus productores, que acaban de firmar una segunda temporada para su invento.
domingo, febrero 21, 2010
Glee, cantando sobre los dólares
«Glee» es de ese tipo de series a las que te puedes enganchar cinco minutos o cinco años (es un decir, aún no ha terminado la primera temporada en EE.UU.). Tiene tantos fans como espectadores que tiran del mando a distancia, hartos de canciones y secuencias «blandiblú» para adolescentes. Unos y otros ayudan a que Google rebose de referencias, sonrisas y lágrimas, según, desde que se emitió el episodio piloto, y a que siga acumulando premios (los últimos, Globo de Oro a la Mejor Comedia y el galardón del Sindicato de Actores al Mejor Elenco en una comedia) y discos vendidos (en un mes sumó un millón de descargas en iTunes). Se estrena en España el 3 de marzo en Fox y luego en Antena 3 Neox, cuando muchos de sus fans ya se saben de memoria las tramas, los personajes y las canciones, que para eso está internet.
«Glee», el retrato deliberadamente exagerado y caricaturesco de la vida de colegio, incluidas las «cheerleaders», es uno de los trabajos que han dado fama y dinero a Ryan Murphy, creador de «Popular» (otra comedia para «teenagers», precedente de «Glee») y «Nip/Tuck». Es lo que en Estados Unidos llaman «showrunner» o director creativo, un tipo capaz de construir/mantener un mundo propio, y comercializarlo por tierra, mar y aire. Se venden canciones de la serie como churros, en la línea de otros éxitos similares, sobre todo «High School Musical».
La serie, ágil, como una coreografía (nada que ver con «Un paso adelante»), ha explorado todos los mecanismos imaginables para «vender» su producto, desde las giras de promoción modelo «OT» al cariño más o menos real de estrellas como Madonna, que ha cedido sus canciones para un episodio especial, o los rumores, como ése que dice que Bruce Springsteen participará también en un capítulo, o al menos con eso sueñan sus productores, que acaban de firmar una segunda temporada para su invento.
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